
Hacer la especialidad de los «sueños» en Reino Unido: Mi aventura.
“Think about where you would like to travel to now; a desert island dipped in crystalline waters, a crackling fireplace in a cozy wooden hut on the top of a snow sprinkled mountain or a grassy field under a starlit sky” le comento mientras de reojo observo en la pantalla parpadeante que su pulso galopa por los nervios. Le muestro la jeringuilla llena de líquido blanco, “this is what dreams are made of” y antes de administrarle el anestésico “we will take good care of you”. El pulso, todavía rápido, se relaja.
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Para mí esta aventura, la de especializarse como médico en Reino Unido, comenzó en el 2016 como una idea difusa y sin estructura sólida, que acabó consolidándose y tomando forma. Tras hacer el IELTS, convalidar mi título de medicina y rellenar varias solicitudes de trabajo, rápidamente obtuve respuesta e invitación a entrevista. Fué en Southampton y con ayuda para prepararla, la pasé sin problema.
El primer año fue alucinante: empezar a trabajar como médico para el NHS fue a la par duro y estimulante. Durante el primer mes aprendí a manejar el idioma, los sistemas informáticos y la forma de hacer las cosas en el país anglosajón. Al final del año ya estaba haciendo turnos de noche independientemente, cubriendo las plantas oncológicas y de trasplante de médula ósea. En ese tiempo me compré un coche, viajé en tres ocasiones a visitar a mi familia y me fuí de aventura a los Alpes Suizos. Además de esto, también pude ahorrar. Sí, el sueldo de residente en Reino Unido te da mucha libertad. También conocí a mi actual pareja y compañera de aventuras, con quien en los siguientes dos años visitaría India, Nepal y Estocolmo.
Durante el segundo año consolidaría lo aprendido hasta entonces. Hice el curso de Advanced Life Support, que por supuesto pagó el hospital (cuando haces la residencia en Reino Unido, cuentas con un presupuesto académico aparte del sueldo y días de estudio, de modo que no tengas que perder días de vacaciones para hacer actividades formativas). Comencé un nuevo puesto en la superespecializada UCI de cuidados neurológicos donde cuidaría de pacientes con hemorragias subaracnoideas severas, politraumas o incluso Guillain-Barré causando un pseudo síndrome de enclaustramiento. Ese año también me mudaría con mi pareja a una casita en medio del New Forest, el prototipo de bosque de hadas inglés.
Esto me llevó al tercer y cuarto año, en Bedford, durante los cuales empecé la especialidad que venía persiguiendo desde mis inicios: Anestesia. Los primeros tres meses fueron de “shadowing”, siempre detrás de un adjunto, para luego irme soltando poco a poco haciendo guardias de día y luego de noche. Roté por la UCI durante otros tres meses para después poder hacer las guardias de UCI además de las de quirófano. Entonces golpeó el infame Covid y el servicio se volcó para ampliar la capacidad de cuidados críticos. Durante esos meses, además de ayudar en la UCI, completé mi rotación por obstetricia para poder hacer las guardias de maternidad independientemente.
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Le dejé despertar sin prisas. Personalmente prefiero tardar un poquito más si eso significa que el paciente se recupera suavemente, igual así además pudo finalizar el viaje que le prometí. Cuando volví a ver qué tal estaba en la Recu, me dijo: “that was the best sleep I’ve had in months Doc, thank you for everything” y se volvió a dormir. Yo sonreí, honestamente contento de haber podido aportar mi granito para hacer más llevadera su estancia en el hospital.
Eduardo.


